Buena comunicación con gatos
Cada vez son adoptados más gatos en España pero persiste el número de abandonos. En muchos casos esto se producen por el gran desconocimiento que se tiene de los comportamientos felinos.
Los propietarios de perros cuentan con la ventaja de poder conversar durante los paseos con otros propietarios sobre las conductas que les parecen anómalas en ellos. Así, conductas como la agresión, la desobediencia y conductas destructivas que eran motivo de abandono, ahora son tratadas en múltiples centros especializados donde etólogos, veterinarios y adiestradores enseñan al dueño a conocer y educar adecuadamente a su perro.
En cambio, no ocurre así con los propietarios de gatos, surgiendo conflictos entre propietarios y sus gatos debido a la escasez de información adecuada.
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Problemas con orinar o defecar inapropiadamente
Por ejemplo: Cuando un gato se hace pis en casa, o bien defeca fuera de la bandeja, lo primero que piensa uno es “¿pero los gatos no eran seres muy limpios?”. Pues sí, son muy limpios pero millones de gatos defecan u orinan en un momento determinado fuera de su bandeja de arena, por motivos muy variados:
- Situación inadecuada de la bandeja: el entorno de los gatos es tridimensional y tiene caminos invisibles para nosotros, creados con sus marcas que lo dividen en varias zonas: zona de caza, zona de descanso, zona de comida, zona donde esconderse... En un apartamento, a veces “obligamos” a nuestro gato a no poder separar estas zonas, situando la bandeja del arenero al lado del comedero y bebedero e incluso de su cesta para dormir. Es como si a un invitado le llevo al cuarto de baño y allí decido darle de comer y ponerle una cama.
- Bandejas sucias con una limpieza deficiente: tanto si es un solo gato, como si son varios en una misma casa los que comparten la bandeja, se debe limpiar ésta diariamente.
- Bandejas situadas en lugares molestos: a veces se sitúan en lugares muy transitados (pasillos), o cerca de electrodomésticos que asustan al gato cuando está dentro (lavadora que comienza a centrifugar), o bien en lugares poco accesibles (gatito de uno o dos meses al que se le sitúa la bandeja en el otro extremo de la casa).
- Cambios del tipo de arena que le pueden desagradar: como el cambio de arena normal a aglomerante o de sílice y uso de ambientadores en la bandeja que le molesten.
- Aprendizaje inadecuado: ocurre en los gatitos que fueron separados muy pronto de la madre y no han sido enseñados adecuadamente, o bien fueron criados en pequeñas jaulas en tiendas de animales hasta su venta, donde tuvieron que comer, jugar y defecar/orinar prácticamente en el mismo lugar. Son gatos que nunca han utilizado adecuadamente su bandeja y necesitarán que les enseñemos.
- Marcaje sexual: los gatos, sobre todo los machos, marcan con orina para delimitar su territorio y advertir a otros congéneres de su presencia, por lo que en este caso la castración es la solución adecuada.
- Marcaje con orina por ansiedad: cuando el origen del gato es el de un animal solitario, independiente, que no necesita de otros congéneres para comer, cazar, etc., y que a lo largo de los años por su sociabilización con el hombre, se encuentra rodeado de personas, en casas confortables pero con cambios frecuentes: visitas, nacimientos, reformas, cambios de mobiliario, fiestas...
Todos esos cambios necesitan de una adaptación del gato y a veces esa adaptación no se produce adecuadamente y como síntoma del estado de ansiedad generado el gato comienza a orinar o defecar por la casa. Esta situación afecta tanto a machos como a hembras y se trata con éxito con la ayuda de feromonas y tratamiento farmacológico una vez conocidos los factores que lo han desencadenado.
El problema del castigo
Otro de los problemas es el castigo. Muchas personas creen que aplicando castigos como harían a un perro, algunas conductas se van a solucionar. Pero nuestro gato no es un animal jerárquico como lo es el perro. Esto quiere decir que no hay nadie por encima o por debajo de él aunque así nos lo parezca. Simplemente hay una convivencia que puede ser buena o mala. Por ejemplo, una orden de “quieto” o “ven” funciona en un perro, pero no funciona en un gato más que cuando ellos quieren, ya que no nos considera como un superior al que deba obedecer.
Por ello, el castigo en los gatos produce efectos indeseables en las relaciones con las personas: no les apetece estar con nosotros, nos cogen miedo, se esconden, o se ponen agresivos para defenderse de lo que consideran algo peligroso. Esto se acentúa en el caso de marcaje de orina por ansiedad, donde además del malestar que padece y que muestra orinando, debe sufrir que le restrieguen la cara por el pis o le den un azote. Esto, en lugar de enseñar al gato, lo que consigue es aumentar su malestar, su ansiedad y que la conducta se mantenga e incluso que empeore. Imagínense que están tristes, llorando como síntoma de su depresión y un amigo o familiar cercano, les grita por ello.
Los castigos útiles para enseñar a gatitos a no subirse a determinados sitios (encimeras de cocina, cortinas...) son los “sustos” a distancia y sin que se asocie a nosotros. Ejemplo: gato que trepa por las cortinas, si me acerco y le pego, me cogerá miedo. Si desde la distancia le tiro agua con una pistola de agua, sabrá que algo desagradable ocurre cada vez que se cuelga de las cortinas y dejará de hacerlo.
Marcaje con uñas
Otro motivo de preocupación es el marcaje con uñas. Todos los gatos realizan este marcaje que delimita el lugar de aislamiento, osea el lugar donde el gato desea estar solo, generalmente descansando o durmiendo. Por ello es necesario que cada gato de la casa tenga su propio rascador (un poste firme de cuerda o bien una alfombra dura) que debe situarse cerca de donde suele dormir o descansar.
Muchas personas dicen que el rascador no funciona y es porque es un mal rascador que además está mal situado: ¿qué hace un rascador en medio de nuestro bonito salón? Mejor que esté en la última habitación de la casa. Pues bien, nuestro gato se despierta, abre un ojo, mira el lejano rascador, luego mira el sillón y no hay duda, utiliza el sillón.
Bufidos y mordiscos
Por último, conductas normales en la conducta felina como los bufidos o los mordiscos también son mal interpretados. Los gatos no tratarán a las personas como tratan a otros gatos: jugará con nosotros, nos marcarán facialmente (nos roza con su cara para dejar una marca agradable sobre nosotros), nos lavará y también nos bufará y morderá cuando le molestemos.
Los bufidos suelen indicar miedo: bufan cuando entra un nuevo gato o perro a casa, cuando viene un niño hacia ellos, cuando se acerca el aspirador, cuando les pisamos la cola... Cuando observemos esta conducta, hay que dejar tranquilo a nuestro gato, hablar en voz baja y suave y estar tranquilos para así apaciguarle. Si queremos que se acostumbre a una determinada situación que le produce miedo, debemos hacerlo poco a poco, con el menor ruido posible y siempre asociándola a situaciones agradables (juego y comida).
Con respecto a los mordiscos que propinan algunos gatos cuando se les toca, se debe a la tolerancia individual de cada gato al contacto determinada por la herencia genética: hay gatos que permiten que se les toque todo el cuerpo, otros que permiten sólo el tronco y otros que sólo la cabeza y en cuanto pasas a la barriga, o parte posterior de la espalda y cola, te muerden para que ceses de tocarles. Pero eso no quiere decir que no sean sociables, ya que suelen estar siempre cerca e incluso a veces encima de la persona a la que acaban de morder, lo que desconcierta todavía más a ésta. Sencillamente quieren estar con nosotros, pero eso no quiere decir que quieran que les estemos tocando constantemente o simplemente tocando. Pongamos un ejemplo: un amigo está hablando con usted y de repente se levanta y empieza a tocarle. Quizás no le agrade que le toque, pero si le agrade charlar con él. Eso es lo que siente el gato.
Por ello, hay que hacer caso de las señales que nos mandan nuestros gatos de “basta”, como son comenzar a lamerse, mover el rabo, echar las orejas hacia atrás y dilatar las pupilas.